|
Biografia de EDGAR CAYCE (1877-1945) - Parte 6 (Ir a la Parte 1)(Ir a la Parte 2)(Ir a la Parte 3)(Ir a la Parte 4)(Ir a la Parte 5)
A medida que se extendía su reputación, más escépticos llegaban a Virginia Beach con el único propósito de acusarlo de fraude. Tarde o temprano, todos se convencían de su sinceridad y de la autenticidad de su obra, y muchos solicitaban lecturas. Uno de ellos, el escritor Thomas Sugrue, católico ferviente que había venido con la intención de poner en evidencia lo que consideraba una impostura, terminó redactando la biografía "There is a River" ("Existe un río"), publicada en 1943 mientras Cayce aún vivía. De modo similar, la revista ‘Coronet’, sumamente popular en aquella época, divulgó las conclusiones de su indagación en un artículo titulado: "El hombre milagroso de Virginia Beach". Este reportaje tuvo tanto éxito que Cayce se hizo más famoso que nunca.
En plena segunda guerra mundial, Edgar Cayce recibía una voluminosa correspondencia en demanda de ayuda. Incrementó el número de lecturas cotidianas a seis, ignorando sus lecturas personales que le exhortaban a realizar un máximo de dos al día. No obstante, era preciso pedir una lectura con dos años de antelación.
En la primavera de 1944, Edgar comenzó a debilitarse. Aunque las lecturas le aconsejaban reposo, se sentía obligado a continuar asistiendo a quienes recurrían a él. Finalmente, lo venció el agotamiento y, al igual que había efectuado su primera lectura para sí mismo en 1901, se dictó la última, en septiembre de 1944. Ésta le instaba a suspender sus actividades; cuando Gertrude preguntó por cuánto tiempo, la respuesta fue: "Hasta que se recupere o se muera." Casi enseguida sufrió un ataque de apoplejía y quedó parcialmente paralizado. Hacia fines del año, sus amigos temieron lo peor. Edgar les dijo que "sanaría" después de año nuevo, pero ellos comprendieron que anunciaba en realidad su muerte, la cual ocurrió el 3 de enero de 1945. Hasta entonces, nadie se había percatado de que Gertrude, en su generoso afán por ocultar sus propios tormentos, estaba seriamente enferma. Ella expiró unos tres meses más tarde, el domingo de Pascua.
Mientras los hijos de Cayce combatían en la guerra, Gladys Davis se dedicó a archivar, clasificar y catalogar la información de las lecturas que ella misma había, en gran parte, anotado y dactilografiado con esfuerzo y paciencia. Concluyó el proyecto en 1971, ¡un cuarto de siglo después de haberlo iniciado! En el curso de su trabajo, pudo apreciar la amplitud y la diversidad de los temas mencionados en las lecturas. Éstas cubren unos diez mil asuntos diferentes y contestan casi todas las interrogantes imaginables en el tiempo de Cayce. Además de asumir esa considerable tarea, Gladys fue secretaria de las organizaciones vinculadas a la obra de Cayce, hasta su muerte en 1986 a la edad de ochenta y un años.
Por su parte, Hugh Lynn Cayce se hizo cargo del A.R.E. Despertó el interés de muchos en los conceptos holísticos de las lecturas y en el rol de la Asociación. Cuando falleció en 1982, la cifra total de miembros había aumentado de algunos cientos a decenas de miles. En la actualidad, innumerables personas en el mundo se benefician del legado de Edgar Cayce sobre la salud, la reencarnación, los sueños, la percepción extrasensorial, la meditación, el crecimiento espiritual, el estudio comparativo de las religiones, la existencia después de la muerte, la astrología, las profecías, los problemas mundiales, y más.
¿De dónde provenía el saber comunicado en las lecturas? En general, Cayce lo adquiría de dos maneras distintas: entrando en contacto con el subconsciente de quienes solicitaban las lecturas; y recurriendo a "los registros akáshicos", que él llamaba también "el libro de la memoria de Dios", archivos completos para todas las almas desde su creación, inscritos en las coordenadas espacio-tiempo. Teniendo acceso a las fuentes universales de conocimiento, Cayce era capaz de disertar acerca de cualquier materia.
|